ENDURO DEL ORIENTE 2009

ENDURO DEL ORIENTE
Diciembre de 2009

Narrado por Luis Fernando Suárez

Gran poeta costumbrista, botánico e historiador, carismático y con una plática encantadora, Germán Coimbra Sanz decía que la región del Urubó, abarca desde la ribera occidental del río Piraí, hasta la “pampa del cuyabo”. Según él, no se sabe del porqué del nombre, aunque es probable que sea el denominativo usados por los chané, habitantes originarios, a la planta de “leche leche”. La pampa en cambio, debe su nombre a la incontable cantidad de aves nocturnas (cuyabos) que habitan en ella y que se observan a la hora del atardecer en rasante y descolorido vuelo.

w1Donde termina la pampa emerge la ceja del monte de la pre cordillera y en el horizonte, la emblemática figura Cerro Amboró. Este conjunto de elementos naturales tan pintoresco, conforma un escenario natural único para la práctica del enduro, contar con semejante región aun en virginal estado, es un lujo que los enduristas nos podemos dar, hasta que la inexorable invasión urbana la devore.

Volví al motociclismo de campo traviesa después de varios meses para disfrutar junto a más de 60 fanáticos, de un paseo espectacular realizado por el Moto Club Santa Cruz en esta región aledaña. El sábado por la mañana el estruendo de los escapes de las motos de cuatro tiempos, estremeció a los pobladores del Urubó, dando inicio al Enduro del Oriente en su tercera versión. La aventura arranca con un tramo corto entre la pampa del cuyabo y Terebinto, el camino estaba seco, con mucha arena suelta y las quebradas erosionadas por los primeros aguaceros de noviembre. Después del medio día fuimos hacía el poniente hasta San Pedro, pequeño caserío verde apostado sobre la ribera oriental del río Guendá. Yo fui en mi modesta moto Suzuki DR650, que me había sorprendido gratamente por su fácil manejo y adaptabilidad, estaba feliz hasta que nos tocó recorre el mentado “quiebra caderas”.

web 8Bajo un tupido monte húmedo se esconde una quebrada siniestra, surcada entre un lomerío de tierra roja cubierto de abundante vegetación, es tan estrecha y oculta que su lecho no conoce la luz del sol. Para hacerla más intransitable, la naturaleza la ha provisto de piedras filosas que se camuflan entre la arena raíces desnudas. Las curvas arenosas denuncian la desesperación y el cansancio de quienes claudican por seguir un rumbo, dejando erráticas huellas que generalmente van a parar al monte. A menudo sólo hay espacio para una sola moto y por si fuera poco, hay que enredarse entre bejucos y matorrales para dar paso a quienes con mayor pericia y a paso raudo se pierden en la viborera senda.

El domingo fuimos a espejillos a través del camino que bordea la cuenca del mismo río, estaba lloviendo y la superficie gredosa fue la fatalidad del recorrido. Hasta los más expertos acababan tirados en las cunetas, sus elegantes y coloridos trajecillos deportivos, se habían teñido con el inconfundible tono rojizo de la greda del Guendá. Mientras el cielo se caía en agua, los temerosos ante las inclemencias del tiempo rogaban salir de la zona por una ruta corta. Carlos Suárez en cambio, el más veterano del grupo y guía de la expedición, suele elegir en estas ocasiones los caminos a propia conveniencia y con su sadismo acostumbrado, opta por la ruta más difícil. La misma que hace diez años, eligió para llevar a Fernando Coimbra, un debutante carpintero decidido a convertirse en un motociclista audaz, a su peor aventura . Los que lo recuerdan, le contaron más de catorce caídas y en la última, lo tuvieron que sacar de un barranco del que colgaba desesperado, entre su moto y la nada, de un gajo de palo santo, mientras que las hormigas malévolas se regocijaban con él. Hoy la historia no sería muy diferente.

CIMG0992Recorrí estos magníficos lugares cuando el único modo de llegar a Terebinto era el carretón jalado por bueyes. En las vacaciones de invierno visitaba a mi tío Bruno Villagómez en el “Venado”, hermosa estancia ganadera ubicada entre Terebinto y El Hondo. Él era un auténtico personaje del campo, bien respetado por conocer las faenas campestre como ninguno, amansador y criador de caballos, vaquero de inigualable habilidad con el lazo, tenía una tacuara potente y guiaba el ganado hasta el corral, montado en un elegante padrillo negro de paso refinado, a punta de carajazos y otros improperios. Famoso contador de historias de muertos y aparecidos, las narraba con detalle y un realismo espantoso. Al caer la tarde se apostaba bajo el alero de la casa de motacú y empezaba a describir el misterio y la crueldad de sus personajes, la historia era tan real, que después de escuchar sus cuentos ningún muchacho se movía, el miedo flotaba entre penumbras paralizando todo, nadie quería irse a dormir para no revivir en profundas pesadillas el más allá de sus relatos.

Hoy el enduro me trae de regreso a estos románticos parajes, en más de treinta años el paisaje aún es el mismo que me cautivó la primera vez que estuve allí, y aunque no se por cuánto tiempo más permanecerá así, prefiero pensar que cada aventura por sus bellos senderos boscoso y sus pampas frescas y húmedas, se podrá repetir siempre que la pasión por las motos de enduro permanezca viva en el corazón de cada uno de nosotros.

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